
El Concilio de Calcedonia del siglo V ofrece una bella síntesis para comprender el misterio de la encarnación a partir de la fe razonada al expresar: «Se ha de reconocer a uno sólo y el mismo Cristo Hijo Señor Unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación…»
Este ejercicio de comprensión aplicado a la persona de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, nos ofrece una síntesis clara y una propuesta fuerte para comprender la relación entre la Fe y la Razón.
La fe no es irracional, la razón por su parte nunca podrá bastarse a sí misma sin dependencia creyente, y aún así no son lo mismo ni expresan el mismo sentido de nuestra manera de interactuar con la realidad.
“La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de lo que no se ve” (Hb 11, 1). La fe se apoya en una promesa que es digna de ser considerada como buena, y para esto es necesario utilizar la razón. Una fe irracional provoca el fanatismo, el cuál manifiesta rigidez, necedad y violencia ante cualquier cosa diferente a lo que se tiene por cierto. La fe irracional destruye el misterio en el que se cree porque lo comprende desde el limitado mundo del “así es porque así tiene que ser” o con frases que expresan quietud y cansancio como “siempre se ha hecho así”. La fe que razona busca comprender mejor para amar mejor, para esperar con creatividad, para ampliar los horizontes de la comprensión y mostrar un misterio cargado de vitalidad.
Por su parte la razón se caracteriza por ser la facultad del ser humano para pensar y reflexionar, para llegar a una conclusión o formar juicios de una determinada situación o cosa. La razón será mas noble y profunda en sus juicios en la medida que estos conyeven un bien mayor y una verdad más clara: no es lo mismo por ejemplo razónar sobre el origen de las cosas y del universo que pensar el menú de mi cena; tampoco es lo mismo razonar sólo para sentirme un genio en terminos rebuscados y confusos que estudiar la situación para lograr hacer mejor la vida y las circunstancias sociales. Es aquí donde la fe eleva la razón a la busqueda de las verdades mas buenas y excelentes. Ella propone bienes y modos de entender la vida que la pura razón no es capaz de descubrir y ofrece el criterio de una vida como punto de referencia constante para pensar mejor las formas de caminar hacia una felicidad y plenitud únicas, esa vida es la vida de Cristo.
Pensar la fe y creer en la razón manteniendo lo que cada una de ellas puede aportar para el desarrollo de una vida más digna, para el encuentro con un Dios cercano que mueve nuestra creatividad con la única intención de salvarnos. Eso es entender la fe y la razón en una relación sin confusión ni separación.
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